1914

15 diciembre, 2014 § Deja un comentario

En campo abierto, entre la inmensidad de la bruma.

Todo es azul oscuro. Cae un poco de nieve en el final de esta noche, empolva las espaldas y los pliegues de las mangas. Marchamos de a cuatro, encapuchados. En la penumbra opaca, parecemos vagas poblaciones diezmadas que emigran de un país del norte a otro país del norte.

Así comienza Bombardeo, de Henri Barbusse, el relato que abre la antología titulada 1914: siete relatos cargados de pólvora, el último proyecto de traducción del Grupo Ultromo, al que tengo el placer de pertenecer.
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En este libro encontraréis grandes autores del siglo XX que nos ofrecen una caleidoscópica visión de la Primera Guerra Mundial. Henri Barbusse, Jospeh Conrad, R. Kipling, Katherine Mansfield, D.H. Lawrence y John Glasworthy, traducidos por Emma Cotro, Maite Fernández, Juan Carlos García y yo misma.

190 páginas de emoción y reflexión que ya podéis adquirir en papel en este enlace.

Ruinas

7 diciembre, 2014 § Deja un comentario

Segunda colaboración en Especies de espacios. ¿Es la poesía un fracaso continuo?
Leer Ruinas

cuesta abajo

1 diciembre, 2014 § Deja un comentario

poesía y otros grandes males

21 noviembre, 2014 § Deja un comentario

El mes pasado comencé a colaborar con un artículo mensual en la web de la editorial Palimpsesto 2.0, donde comparto espacio con otros estupendos artistas como Ferran Destemple, Vito Dominguez Calvo y Javier Mariscal.

Os dejo aquí el enlace a mi debut:

«Apuntes para alejar la tristeza»

 

Triadæ Magazine

7 noviembre, 2014 § 1 comentario

Uno de los proyectos en los que ando metida es la revista literaria Triadæ Magazine, que hoy ve por fin la luz.

En este primer número encontraréis 44 autores y artistas de 9 países distintos (Francia, Estados Unidos, Irlanda, Finlandia, Australia, Argentina, México, Bolivia, Italia y España). Poesía, prosa, ilustración, collage y fotografía.

Los textos en inglés y francés aparecen también traducidos al español, y además contamos con una colaboración especial en lengua italiana (y su traducción).

Espero que disfrutéis de esta nueva aventura literaria.

pueden volver a molestarme

2 octubre, 2014 § 4 comentarios

Para los que no llegaron a tiempo en la primera edición, para los que no llegaron tampoco en la segunda, para los que les gusta el lector electrónico, para los que leen en el teléfono, en la tableta, en la pantalla del ordenador.
Ya podéis conseguir la edición digital de mi primer poemario Moléstenme solo para darme de comer a través de Bubok, por solo 1,50€.

Haz clic en la imagen para acceder a la compra

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in words and voice: “A supermarket in California”, Allen Ginsberg

1 septiembre, 2014 § Deja un comentario

 

[escúchalo aquí: A Supermarket in California, read by the author]

 

What thoughts I have of you tonight, Walt Whitman, for I walked down the sidestreets under the trees with a headache self-conscious looking at the full moon.
In my hungry fatigue, and shopping for images, I went into the neon fruit supermarket, dreaming of your enumerations!
What peaches and what penumbras! Whole families shopping at night! Aisles full of husbands! Wives in the avocados, babies in the tomatoes!–and you, García Lorca, what were you doing down by the watermelons?

I saw you, Walt Whitman, childless, lonely old grubber, poking among the meats in the refrigerator and eyeing the grocery boys.
I heard you asking questions of each: Who killed the pork chops? What price bananas? Are you my Angel?
I wandered in and out of the brilliant stacks of cans following you, and followed in my imagination by the store detective.
We strode down the open corridors together in our solitary fancy tasting artichokes, possessing every frozen delicacy, and never passing the cashier.

Where are we going, Walt Whitman? The doors close in a hour. Which way does your beard point tonight?
(I touch your book and dream of our odyssey in the supermarket and feel absurd.)
Will we walk all night through solitary streets? The trees add shade to shade, lights out in the houses, we’ll both be lonely.
Will we stroll dreaming of the lost America of love past blue automobiles in driveways, home to our silent cottage?
Ah, dear father, graybeard, lonely old courage-teacher, what America did you have when Charon quit poling his ferry and you got out on a smoking bank and stood watching the boat disappear on the black waters of Lethe?

–Berkeley, 1955

 

Cuánto he pensado en ti esta noche, Walt Whitman, hoy que bajo los árboles he recorrido las callejuelas mientras me dolía la cabeza mirando afectadamente la luna llena.
¡En mi hambrienta fatiga, en busca de imágenes, entré en el supermercado de frutas de neón, soñando con tus enumeraciones!
¡Qué melocotones y qué penumbras! ¡Familias enteras de compras por la noche! ¡Pasillos repletos de maridos! ¡Esposas
entre los aguacates, bebés en los tomates!—y tú, García Lorca, ¿qué estabas haciendo tú allí junto a las sandías?

Te vi, Walt Whitman, sin retoños, solitario y viejo zapador, asomándote entre las carnes del refrigerador y espiando a los jóvenes reponedores.
Te oí preguntarle a cada uno: ¿Quién asesinó a las chuletas de cerdo? ¿A qué precio los plátanos? ¿Sois vos mi ángel?
Paseé, yendo y viniendo de las pilas de latas relucientes persiguiéndote, y perseguido en mi imaginación por el guarda de seguridad del establecimiento.
A grandes zancadas recorrimos juntos los extensos pasillos cada uno a su antojo catando alcachofas, apoderándonos de cada congelado manjar, y nunca pasando por la caja.
¿A dónde vamos, Walt Whitman? Las puertas cierran dentro de una hora. ¿Qué camino te señala esta noche la barba?
(Acaricio tu libro y sueño con nuestra odisea en el supermercado y me siento ridículo).
¿Caminaremos toda la noche por calles solitarias? Los árboles a la sombra añaden sombra, en las casas las luces apagadas, ambos vamos a sentirnos solos.

¿Pasearemos soñando con la perdida América del amor, dejando atrás coches azules en los aparcamientos, hacia nuestro silencioso chalet?
Ah, querido padre, viejales, solitario viejo maestro del coraje, ¿Qué America te encontraste cuando Caronte dejó de impulsar su barcaza y
te bajaste en una orilla llena de humo y te quedaste allí mirando cómo la barca se perdía en las oscuras aguas del Leteo?

 

Traducción, A. Catalán
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