Diario del Camino de Santiago – Junio 2009
06-06-09 Valderrey – Astorga – Rabanal del Camino. Nublado y lluvias débiles.
El primer día del Camino. Nos levantamos a las 6:00 y media hora más tarde ya estamos en el coche para llegar a Astorga.
Comenzamos a caminar a las 7:00. Ya marchan muchos peregrinos por delante de nosotras. El tiempo es mejor de lo que esperábamos. Hay nubes pero luce el sol. La primera parte del camino discurre junto a la carretera. Sobre las ocho y poco llegamos a Murias de Rechivaldo donde desayunamos. Pedimos un pincho de tortilla (que es enorme y picante) y unas torrijas recién hechas. Nos llevamos un plátano para el camino.
Seguimos nuestra marcha y la siguiente parada es Santa Catalina de Somoza. Por el camino nos han dado una tarjeta de un albergue donde también dan de comer, pero nosotras vamos al de San Blas a ver a Rubén. Benito, de Valderrey y amigo de Nuria (mi compañera de camino) nos ha dicho que paremos allí y que nos tomemos algo, que él nos invita. Llegamos al San Blas y allí está Rubén. Un hombre moreno, con barba y bastante atractivo, con cara de buena persona. Le damos recuerdos de Benito y, sin decirle nada, no nos cobra la consumición. “Ya la pagará Benito”, dice. Cargamos de nuevo las espaldas y partimos hacia El Ganso. Llegamos sobre las once y media. Nos sentamos en la terraza del bar Cowboy. Descansamos un poco. Nuria lleva ya rato con dolores en la ingle y la cadera. Está un poco desanimada porque piensa que aún nos quedan 12 km. Le enseño el mapa: ¡nos quedan 7! Eso hace que se sienta algo mejor y partimos hacia Rabanal del Camino, el destino de esta primera etapa.
Esta parte la hacemos algo más lentas. Nuria va concentrada para poder seguir adelante. Después de un buen rato, vemos a lo lejos la torre de la iglesia. Pero no está tan cerca como parece. Rabanal se hace desear. La torre se pierde entre los pinares una y otra vez.
Llegamos a un cruce y vemos que sólo faltan 2,2 km pero lo que aparece frente a nosotras es un estupendo “repechito” que a estas alturas de la etapa nos parece la subida al Montblanc. Al menos aquí el camino se separa de la carretera y vamos entre robles por una estrecha vereda llena de raíces que nos hacen tropezar. En cieto punto, a la derecha, en una valla de metal comienzan a aparecer decenas de cruces hechas con palos, enganchadas a los alambres. Las cruces continúan durante largo rato, hasta que salimos del camino. Yo siento molestias en la ingle derecha también y me cuesta levantar la pierna. Pero ahí seguimos, ¡adelante!
Continuamos por la carretera. Los últimos cientos de metros se hacen enormes. Parece que Rabanal se aleja cuanto más intentamos llegar.
Por fin, el pueblo. Una calle empinada y larga nos recibe. Vamos buscando el albergue municipal. Al final preguntamos para encontrarlo. Hemos llegado a las 12:30 y el albergue no abre hasta als 13:00, así que decidimos quedarnos en el albergue El Pilar que, aunque es privado, cuesta lo mismo que el municipal (5€).
Enseguida nos recibe Isabel (hospitalera) y Aída (hospitalera voluntaria) nos informa del funcionamiento. Ya hay gente pero podemos elegir cama. Cerca de la puerta, que corra un poco el aire. Luego ducha, lavar ropa y a comer. Sólo hay otros dos españoles. Hemos coincidido con los austríacos que saludamos por la mañana en el albergue San Javier en Astorga cuando fuimos a sellar. Los platos de comida aquí son enormes. Los austríacos, que son muy grandes, no han podido acabarse el plato, pero nosostras sí.
Ahora estamos en la siesta y casi todo el mundo descansa. Acaba de llegar un grupo de ciclistas franceses. Uno de ellos es muy ruidoso y alguien le hace ¡shhhh!
Esta tarde a las 19:00 iremos a la iglesia a escuchar las Vísperas que cantan en latín.
Mañana toca Ponferrada pero la etapa entera son 32 km. No creo que lleguemos, y menos aún si llueve. Es posible que nos quedemos en Molinaseca. Tenemos 6 km de subida a Foncebadón (1504 m)y luego bajada hasta Ponferrada (541 m).
El tiempo ha empeorado; hace frío y llueve a ratos. Creo que no se me va a secar la ropa.
Hemos ido a las Vísperas. Había dos monjes y muchos peregrinos. La iglesia necesita una restauración urgente. Después hemos cenado en el albergue y hemos conocido a Bruno, de Bruselas. Ha venido prácticamente con lo puesto y ha tenido que comprarse un calzado apropiado y mañana se comprará una mochila porque lleva la de cuando era boyscout. Hemos hablado también con los españoles que van en bici y nos han hecho una foto.
Nuria se ha ido de nuevo a la iglesia benedictina a la bendición del peregrino.Yo me he metido en la cama. He dormido bien, casi del tirón, gracias a los tapones de los oídos. Había toda una sinfonía de ronquidos. Nuria no ha dormido tan bien.
07-06-09 Rabanal del Camino – Molinaseca. Nublado.
Nos levantamos a las 5:45, en cuanto empieza a haber movimiento en el dormitorio. Nos preparamos, desayunamos y nos despedimos de Isabel. Partimos hacia Foncebadón. ¡No llueve! El camino es precioso, sobre todo entre Foncebadón y Riego de Amorós, aunque las bajadas (sobre todo a El Acebo) son durísimas para las rodillas. Paramos en El Acebo y nos encontramos a los ciclistas. Son las 11:00 y asombrados nos preguntan si hemos ido en taxi.
Llegamos a Molinaseca después de 7 horas de caminar. Buscamos el albergue, que resulta que está a la salida del pueblo. Nos alojamos en el albergue privado de Santa Marina, que está muy bien con camas en lugar de literas, pero sólo dan de cenar y no tiene cocina. Para cocinar hay que ir al municipal, que está a 50 metros. Vamos allí a ver si están los austríacos o Bruno, pero no los encontramos. Para mi sorpresa, el hospitalero voluntario es japonés: Toiya. Hablamos un rato en japonés e incluso me hace un test de kanjis. Toiya se sorprende de encontrar una española que hable japonés. Él habla muy bien español. Es la tercera vez que hace el camino y siempre se queda varias semanas en distintos sitios de hospitalero. Tiene 64 años y piensa seguir haciéndolo hasta los 70. Es miembro de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Japón. Él y Alfredo (el que dirige los dos albergues de Molinaseca) me hablan del Camino Budista. Están trabajando para hermanar ambos caminos. El Camino Budista tiene unos 1.200 o 1.500km y recorre 88 templos en los que hay que pernoctar cada día.
Nuria está descansando un rato antes de ir a comprar algo para cenar. El hospitalero del municipal, Matías, es muy majo y hemos charlado un rato con él. Quizá cenemos allí. Hemos visto a los dos alemanes que estaban ayer en El Pilar. Ellos llevan un mapa con las etapas mejor divididas que el nuestro. Todas son entre 20 y 26 km. Mañana pasaremos por Ponferrada a primera hora y probablemente terminaremos en Cacabelos.
Al volver al albergue conocemos a Rafa y Miguel Ángel (andaluces) y nos vamos de vinos con ellos a una bodega cuya dueña parece sacada del Milagro de P. Tinto.
08-06-09 Molinaseca- Cacabelos. Nublado con lluvias débiles.
Una etapa “not very beautiful”, como dicen todos. Atravesar Ponferrada y salir de ella se hace eterno y después los pueblos de carretera…
Me he destrozado la rodilla derecha y los últimos kilómetros han sido un suplicio. He llorado. De dolor y por pensar que quizá no podré continuar. El albergue no esta mal. He comprado una rodillera y pomada antinflamatoria. El ánimo muy mal.
09-06-09 Cacabelos- Vega de Valcarce. Nublado con lluvias intermitentes.
Etapa por mucha carretera. Hay un punto en el que se atraviesa la nacional, con todos esos camiones gigantescos viniendo en ambos sentidos. Luego se camina por el arcén y cada vez que pasa un trailer te hace trastabillar.
Desayunamos en Villafranca del Bierzo, un pueblo precioso.
En Vega de Valcarce nos quedamos en el albergue municipal. María la hospitalera es un encanto. Me ducho con agua fría, pero no por gusto. Cenamos con Toni, un valenciano de sesenta y pico, que lleva cinco infartos en su mochila.
El francés que fue mi vecino de abajo de litera en Rabanal, y que en Cacabelos me vio fastidiada con la rodilla, me dice en el albergue que tiene una cosa para mí. Me da unos apósitos adhesivos de diclofenaco sódico para que me los ponga por las noches.
Hemos perdido a los austríacos.
Mañana, O Cebreiro.
10-06-09 Vega de Valcarce – Alto del Poio. Lluvias intensas y viento fuerte.
Hacemos bien la subida a O Cebreiro. Ha sido un acierto dividir la etapa y tener la subida al principio. Pasamos por el mojón que indica que entramos en Galicia. Llegamos a O Cebreiro a las 11:00 y nos tomamos un caldo gallego que levanta a un muerto en el Mesón Antón. Nos dicen que aún nos quedan subidas. Continuamos.
Lluvia, viento, niebla. Lo poco que apreciamos del paisaje nos quita el aliento que nos queda.
Al llegar al Alto de San Roque el viento es fuerte y la niebla aún más densa.
La subida al Poio es brutal; una vereda prácticamente vertical llena de piedras sueltas.
Al llegar arriba nos encontramos con el hostal-albergue. El que lo lleva es un hombre poco amable que primero intenta cobrarnos una barbaridad. Coincidimos con Toni y con Sandra (una inglesa afincada en Brasil con cuatro hijos y ocho nietos que viaja sola desde Roncesvalles). Al final nos quedamos en una habitación con literas, 18€ dormir y cenar. Tenemos frío pero el hombre no enciende la chimenea porque “estamos en verano”. Mis botas están empapadas y yo medio aterida. La cena está buena. Dormimos bien.
11-06-09 Alto del Poio – Samos. Nubes y claros.
Salimos con niebla. El camino no es muy malo y llegamos a primera hora de la mañana a Triacastela. Allí dejamos a Toni, que quiere tomarse unas jornadas de semi-descanso. Desayunamos y continuamos hacia Samos. Al principio el camino va junto a la carretera pero después se interna entre bosques y aldeas bucólicas. Llegamos a Samos. Nos alojamos en el albergue del monasterio benedictino, muy sencillo pero estupendo. Sandra ha llegado antes que nosotras.
Hace calor. Nuria tiene que comprarse una tobillera para la tendinitis (vaya bulto que lleva en la pierna). Visitamos el monasterio y Nuria se queda a las Vísperas.
Llamo por teléfono a mamá, papá y L. Me ha emocionado hablar con mamá. A L. la echo mucho de menos. Muchísimo. Tengo ganas de verla. Pero hay que seguir.
Por la tarde llega al albergue un grupo de voluntarias que se dedican a curar los pies de los peregrinos. Por fortuna los nuestros están impecables.
12-06-09 Samos- Ferreiros. Soleado.
El tramo hasta Sarria se hace un poco pesado. En Sarria subimos hasta la parte alta y almorzamos. Hablamos por primera vez con Mariví y Tere, dos madrileñas.
Continuamos. Se hace eterno. Paramos en una fuente donde también hay un pilón. Estamos tan hartas que bromeamos sobre la posibilidad de dormir allí tiradas en medio del camino. Y de pronto, vemos aparecer por el camino una silueta conocida. ¡Es Toni! El que decía que iba a descansar… Llegó a Sarria pronto desde Triacastela y decidió continuar para encontrar a “sus chicas”. Seguimos más animadas. ¡Ferreiros no llega nunca!
En una aldea por la que pasamos conocemos a Dionisio, que tiene una brecha en el ojo con un montón de puntos. Nos regala unas nueces y nos dice que le pidamos a Santiago por él y su esposa Castora.
Al fin llegamos a Ferreiros. No hay camas libres en el albergue. Nos dicen que más abajo hay un restaurante y que preguntemos allí. A unos 500m, pero ya en O Mirallo, vemos el cartel del restaurante que dice “dormir gratis”. Entramos a preguntar. Nos llevan a la parte de atrás del restaurante, salimos a un patio y allí hay un módulo construido por ellos mismos para dar albergue a los peregrinos. Es una habitación grande y diáfana, con aseos y una ducha al fondo. Nos colocan unos colchones en el suelo y nos dan una sábana. Aquí nos tratan fenomenal.
Conocemos aquí a Justi, valenciana, una mujer positiva y alegre. Tomamos un refresco en la terraza y volvemos a coincidir con Mariví y Tere, que duermen en el albergue y han bajado a tomar algo. Llega Hatke, una alemana que vive en Suiza y que salió de Madrid en el mismo tren que Toni. Tiene la piel muy blanca y una voz angelical. Canta en dos coros.
Pasamos la tarde al sol. El gallo Kiko, un precioso ejemplar de gallo inglés, es un macarra y ataca a Nuria junto al lavadero.
Cenamos y dormimos estupendamente, aunque me corrió una araña por la cara y me despertó. Luego me costó dormirme.
13-06-09 Ferreiros – Hospital da Cruz. Soleado
Desayunamos en el restaurante. Julia (la dueña) se levanta a las 5:30 para atendernos. Las tostadas son enormes y la mermelada de manzana casera la hace la hija de Julia.
Salimos hacia Portomarín. Llego allí antes de las 9:00 con Toni. Esperamos a Nuria junto al puente. La vista es preciosa. Subimos a la plaza a tomar algo. Le envío una postal de cumpleaños a L. Nos encontramos con Mariví y Tere que pensaban quedarse aquí pero que al ser tan pronto, deciden continuar.
El camino va junto a la carretera, por unas pistas cómodas pero poco interesantes. En un desvío hacia el bosque, hay una casa con un jardín abierto. Me detengo allí a esperar a Nuria. Llega Toni con una pierna dormida y después Nuria. Allí mismo paró un autocar con franceses de edad avanzada. Se bajaron y fueron caminando por el bosquecillo unos tres kilómetros hasta el punto en el que les recogía de nuevo el autobús, en Gonzar. El albergue de Gonzar aún está cerrado y además el pueblo está en fiestas. El escenario de la orquesta está justo al lado del albergue y los chavales ya (o aún) están bebiendo. Seguimos hacia Hospital.
Toni va delante de mí a cierta distancia, pero puedo verlo. Al llegar a Hospital espero a Nuria y vamos al albergue. Es pequeño pero está muy bien acondicionado y sólo cuesta 3€. Las camas tienen colchones como es debido y te dan sábana y funda de almohada desechables. Hay enchufes para todos y la ducha es una gozada, calentita y con presión, aunque son abiertas.
Al llegar nos damos cuenta de que Toni no está en el albergue. Sa ha pasado el desvío. Nuria lo llama y al fin llega. Después llegan Mariví y Tere, y también Justi.
Comemos en el restaurante de al lado. El dueño es un cara de acelga que encima trata mal a la camarera. La comida pasable.
Me echo un rato mientras se hace la colada. Cuando me levanto Nuria está jugando al chinchón con Tere y Mariví. Me uno a ellas pero estóy adormilada y no me entero del juego. Hago una escalera con cartas de distintos palos.
Nos vamos a la terraza del bar. Conocemos a Alberto, de Valladolid, que lleva la rodilla jorobada y las pantorrillas quemadas. Pasamos la tarde allí y cenamos. Volvemos al albergue. Toni y Pepe se han descubierto como almas gemelas y van “contentos”. Montan jaleo en el dormitorio. Parecen niños pequeños.
14-06-09 Hospital da Cruz – Melide. Nubes y claros.
La etapa de hoy son 28 km, así que nos levantamos a las 5:30 y salimos a las 6:00 porque no se puede desayunar allí y además hay que aprovechar la fresca.
El camino es muy bonito. Bosques de castaños, robles, riachuelos rodeados de alisos. Voy por delante con Tere. Paramos unas cinco veces durante la etapa. Así se lleva mucho mejor. Tere y Mariví son de Madrid. Surge la frase del grupo: “es lo que hay”, que es lo que Tere le dice a Mariví cada vez que ésta se queja.
En Coto, Hatke nos invita a una ronda en Los dos alemanes. Ella continúa más allá de Melide. Los bocadillos son grandísimos (como en casi todos los sitios) y los huevos de corral.
Llegamos a Melide sobre las dos. Vamos al albergue y conseguimos que nos pongan a todos juntos aunque tenemos que bajar un piso para ir al baño. Toni ha llegado hace mucho con Pepe, del que ya no se separa. Vuleven de comer bien entonados. Vamos a la farmacia y a tomar algo. Volvemos a descansar y salimos a cenar con Toni, Pepe, Justi, Mariví, Tere y Alberto. También vienen Manolo y Mercedes, que salieron con Pepe desde Roncesvalles.
Es la procesión del Corpus y hay una alfombra de flores en la plaza de la iglesia, y gaiteros y mujeres con panderos.
Cenamos pulpo, cómo no. Con vino blanco y pimientos de Padrón que no pican.
Dejamos a Toni y Pepe con los argentinos que llegan después y el resto nos vamos al bar de enfrente del alberque. Infusión y chupito de hierbas y a dormir. Ésta vez son Tere y Alberto los que montan la juerga en el dormitorio.
15-06-09 Melide- Arzúa. Soleado.
Salimos del albergue y desayunamos en el mismo bar del chupito. Ya están allí Toni y Pepe que salen antes porque van hasta Arca. Nosotros salimos tranquilamente. Hoy son sólo 14 km. Justi continuará hasta Santa Irene, porque tiene que llegar mañana a Santiago. Con la partida de Justi, nuestro grupito de seis pasa a ser el grupo de “Los Cinco”.
Cuando llegamos a Arzúa vamos directamente al albergue y aún está cerrado, pero hay cola y sólo hay 46 plazas. Comemos algo en La Huella mientras abren, dejando las mochilas en la cola. La tortilla está buenísima. Nos despedimos de Justi.
En la etama de hoy nos hemos cruzado con un chaval muy guapo al que Tere llama Sandokán. Está en la cola del albergue y le hacemos una foto disimuladamente, como si fuésemos adolescentes.
El albergue está muy bien. La casa es antigua pero está todo reformado y muy nuevo. Ahora estamos descansando un rato.
Hemos perdido a todos los del principio. Al parecer, Sandra estaba ayer en Melide, pero no la vimos.
En los últimos kilómetros antes de llegar a Arzúa pensaba en la próxima vez que haga el camino. Si pudiera, volvería en septiembre a hacer unas cuantas etapas desde Roncesvalles. La etapa de St. Jean-au-pied-du-Port a Roncesvalles dicen que es durísima pero preciosa, atravesando el Pirineo y salvando un desnivel tremendo.
Damos una vuelta por el pueblo y luego cenamos donde hemos almorzado.
Al ir a dormir, Alberto empieza con el cachondeo. Son más de las diez y entra sol por la ventana, que le da directamente en la cara. ¡Así no puede dormir uno!
16-06-09 Arzúa – Arca (Pedrouzo) Soleado.
Salimos sobre las 7. A las ocho llamo a L. para felicitarle el cumpleaños. Paramos varias veces y nos equivocamos otro tanto. En una de las equivocaciones los lugareños nos abroncan porque no hemos visto la flecha.
Voy con Tere por delante. En una de las paradas coincidimos con Sandokán y Tere le pide que se haga una foto con ella.
Llegamos a Pedrouzo pronto. Ya hay cola en el albergue, pero éste tiene 120 plazas. Mientras esperamos a que abran vemos un ciervo volador. Conocemos a Víctor y a Dimas, dos amigos de un pueblo de Sevilla. Son bastante majos y se unen a nuestro grupo de habitación. Vamos a comer.
Después, Víctor, Dimas, Nuria y Tere se quedan jugando al mus. Alberto mira. Mariví y yo nos vamos al restaurante que tiene internet. Llevo once días desconectada y estoy un poco preocupada por si tengo correos del trabajo. L. me ha contado los comentarios de Liuva en el blog respondiendo al que puso sobre cuánto me faltaba. Le he enviado un sms a J. porque soñé con él, aunque no recuerdo qué.
Se supone que uno se encuentra a sí mismo en el Camino. Yo aún no lo he hecho. A lo mejor es que no me he puesto a buscar seriamente. No estoy cansada, pero a partir del kilómetro 18 empiezan a dolerme los pies en todas las etapas. La rodilla no me molesta pero sigo llevando la rodillera durante la jornada.
Los de Sevilla paran mañana a hacer noche en el Monte do Gozo e intentan convencernos para hacer lo mismo. A mí me da igual aunque ya me he hecho a la idea de llegar a Santiago mañana. Justi ya llegó; y también Toni.
¿Dónde estarán los austríacos? ¿Y Sandra? ¿Y Bruno? Ya solo coincidimos con la pareja de francesas y de vez en cuando con los franceses que salieron de Le Puy hace 8 semanas y llevan mil y pico kilómetros recorridos.
Estos siguen jugando al mus. Mariví y yo después de ver los mails hemos ido a hacer la compra para la cena. No tengo mails de trabajo, a ver qué pasa cuando vuelva.
Aquí hay muchos españoles. Más que en ningún otro albergue. Todo está más animado pero prefiero la calma de otros lugares.
Me noto una contractura en la espalda. ¡Justo cuando estoy a punto de terminar! Espero que se me pase esta noche.
Hemos vuelto a encontrarnos al Sandokán. Se parece a Johnny Depp. Va con una mujer mayor de la que no se separa. Quizá sea su madre. Hoy nos los hemos cruzado en el camino y él iba tocando la armónica y ella cantando. En su cayado, o como se llame el palo de andar, lleva un montón de plumas, flores y hojas que ha ido recogiendo. Me gustaría hacerle una foto. Al palo, no a él.
Otro personaje es el que yo llamo Mickey Rourke. Un tipo mayor con gafas deportivas blancas y cristal de espejo, canoso con un pendiente. Lleva un chaleco súperhortera que me encanta.
El espíritu del Camino es la convivencia, la generosidad. Nunca he sonreído tanto a tanta gente. Todo el mundo se preocupa por los demás. Ayer comentábamos que el Camino es como un buen libro: tienes ganas de saber como acaba, pero no quieres que termine.
Antes de venir pensaba que cada mañana sería un esfuerzo levantarse y echar a andar, sabiendo que al día siguiente te espera lo mismo. Pero no es así. El cuerpo se va acostumbrando y no piensas en el mañana, sólo en hoy, en el destino diario. Cuando llega el cansancio sólo deseas una ducha y un lugar donde dormir. Lo imprescindible. La sencillez extrema; la esencia de la vida: comida, descanso y un poco de amabilidad. Los gallegos parecen hoscos al primer contacto pero, salvo excepciones como el cara de acelga, luego se abren y ofrecen su rostro más amable.
He aprendido que el camino hay que hacerlo sin prisa, sin preocuparse por si habrá cama al llegar. Y cada uno debe llevar su propio paso, si no el cuerpo se rompe.
Creo que no lo he aprovechado en todo lo posible. Ahora empiezo a disfrutarlos de veras (¡a buenas horas!). Ya no pienso en qué me duele cuando ando. Supongo que también influye que el cuerpo se ha acostumbrado. Son tantos los cambios que hay que asimilar… Me alegro de no haber empezado en Sarria.
Cenamos todos juntos en el albergue. Finalmente decidimos continuar hasta Santiago manteniendo nuestros planes. Nos acostamos tarde, sobre las 12, aunque se supone que a partir de las 10 todo el mundo debe estar dentro del albergue y descansando. Aquí hacen un poco la vista gorda, supongo que por ser la última noche antes de llegar.
La juerga continua en el dormitorio. No me molesta, pero pienso que a los que ya descansan no debe hacerles ninguna gracia. Sobre la 1 de la mañana tengo movida con el chico barbudo que lleva falda, porque pretende dormir con su novia en la litera de encima de mí. Al final le cambian la cama a otro colega. Duermo poco y mal.
17-06-09 Pedrouzo- Santiago de Compostela. Soleado.
Nos levantamos a las 5:15. Salimos y aún es de noche. Atravesamos un bosque de eucaliptos a la luz de las linternas. Es una sensación muy especial. Mariví tiene miedo. Yo voy medio dormida; medio persona porque no he tomado café. Hay ratos en los que voy detrás de Alberto, con los ojos medio cerrados haciendo eses por el sendero. Finalmente decido meter la quinta y tirar a tope hasta encontrar un sitio donde desayunar. Pasamos unas cuantas aldeas pero todo está cerrado. Por fin llegamos a un bar con el cierre echado, pero la mujer acaba de llegar con el coche para abrir. Por fin, ¡café!
Nos queda la subida al Monte do Gozo. Desde el bar del desayuno me quedo con Nuria y Mariví. Tere sigue sola tirando a todo ritmo. La subida no es dura, pero sí larga y aburrida. Nuria y yo hacemos todo el camino cantando y bailando. Los guiris se ríen (de) con nosotras.
Al fin llegamos al Monte do Gozo. Subimos a la cima para ver la supuestamente maravillosa vista. El día está soleado, aunque hay un poco de calima. Buscamos la catedral. Puedo ver una torre entre los árboles. El lugar, ni es bonito ni tiene un vista espectacular. Me ha defraudado. Descansamos un rato. Luego llegan Dimas y Víctor, que han decidido seguir hasta Santiago. Tere, Mariví y Alberto se van. Nosotras nos quedamos allí con Víctor y Dimas y después bajamos juntos. El camino que queda para entrar en Santiago se hace largo porque estás deseando llegar. Vamos hablando y se hace más llevadero. Cuando comenzamos a atravesar las callejas de la parte vieja, el paso se acelera solo. Llegamos a la calle del arco. Delente de nosotras vemos a la pareja de extremeños. Nuria y yo nos cogemos de la mano y echamos a correr escaleras abajo.
Entramos en la plaza del Obradoiro. Son las 12:30.
Le digo a Nuria que ahora toca llorar y ella dice: “No creo que vaya a llorar”. Llegamos frente a la catedral. Abrazos, besos, risas. Luego nos separamos y cada una se sienta en un sitio en medio de la plaza. Lloro mucho, estoy muy feliz de haberlo conseguido. Cuando me calmo un poco, me seco los ojos y se me acerca un hombre que me dice “¡Buen camino! ¡Enhorabuena!” y me da la mano. Me vuelvo a emocionar.
Veo que Nuria se levanta y viene hacia mí. Ha llorado muchísimo; dice que lo único que veía era a su padre. Nos abrazamos y compartimos papel higiénico como pañuelo. Detrás de nosotras entraron Víctor y Dimas. Cada uno tiene su momento de solitaria emoción y después nos felicitamos y abrazamos. También con los extremeños. Cuando se pasan las lágrimas vamos a por la Compostela. Nos hemos hecho una foto con el móvil con la catedral detrás y la hemos enviado a los más allegados. L. envía como respuesta una foto suya con el casco y la obra detrás. ¡Qué ocurrente!
Después de recoger la Compostela entramos a la catedral y bajamos al sepulcro. No podemos entrar a abrazar al santo porque ya ha cerrado.
Ahora hay que buscar hotel. Llamamos y preguntamos en varios sitios pero al final nos quedamos en el Rua Villar para darnos el capricho.
Después de ducharnos vamos a tomarnos unos vinos con los sevillanos, que están con los cordobeses Rafa y Juan Carlos. Cuando vamos a entrar en la bodega, veo a alguien en la terraza. Me resulta conocido. ¡Es Bruno! Le saludo y hablamos un poco y entro a decírselo a Nuria que sale a saludarle. El saludo es un poco frío por parte de él. Pensamos que de los Pirineos hacia arriba, la gente no sabe dar abrazos. Da igual. Nos reunimos con todo el grupo en la plaza y comemos todos juntos en el Dakar. Bastante mediocre. La peor comida del Camino. Como no hemos llegado antes de las doce, nos hemos perdido la Misa del Peregrino. Pensamos que hay otra a las 18:00. Vamos a la catedral directamente. Allí nos enteramos de que la misa es a las 19:30. Nos vamos a comprar algo de ropa más decente para la noche y quedamos en reunirnos a las 19:15 para la misa.
En nuestro callejear llegamos a una calle donde nos espera una grata sorpresa. Allí sentados vemos a los austríacos, Harry y Stephan. Nos saludamos efusivamente. Nos contamos qué tal nos ha ido. Abrazos de oso, risas y fotos. Hay gente al norte de los Pirineos que sí sabe dar abrazos.
Después de comprar dejamos las bolsas en el hotel y nos unimos al resto en la misa. Aunque no es una misa de peregrinos, han hablado con el cura y nos menciona en las bendiciones. La homilía trata sobre la hipocresía. Hemos vuelto a perder la oportunidad de abrazar al santo.
De nuevo a tomar vinos. Esta vez en el Gato Negro, un ribeiro calentorro. El sitio tiene mucha fama, pero no nos convence. Tere, Mariví y Alberto se van a su hotel. Nuria y yo nos quedamos a otra ronda y después vamos al hotel a cambiarnos para cenar.
Cenamos “los Cinco” en un italiano donde todo está delicioso. La camarera es una bella italiana de grandes ojos que me recuerda a Kahlo de Dadanoias aunque no se parecen en nada. Una pareja de compostelanos nos recomienda un lugar donde tomar una copa “para gente de nuestra quinta” (!!), O Gallo d’ouro. Allá que vamos los cinco. Más tarde se unen los sevillanos y los cordobeses. El sitio se va llenando poco a poco. La música está bien, aunque un poco molesta. Yo estoy bastante ausente; estoy cansada y no me llegan las conversaciones. Sobre la una y pico se van Tere, Mariví y Alberto. Aguanto como una jabata hasta las tres y pico porque Nuria me pone ojitos de cordera.
A la mañana siguiente tenemos concertada a las 10 la visita a las cubiertas de la catedral. Gracias a eso la juerga termina relativamente pronto. Duermo como un bebé; entre sábanas blancas por primera vez desde hace casi dos semanas.
18-06-09 Santiago de Compostela – Astorga – Valderrey. Soleado.
Por la mañana opto por no ir a ver las cubiertas, al fin y al cabo ya las he visto, y me quedo un rato más en la cama. A las 10:00 ya estoy desayunando en un bar junto al Obradoiro. Después espero a Nuria en el hotel. Pagamos la cuenta y dejamos las mochilas allí. Vamos, por fin, a abrazar al santo. En la catedral vemos a Teodoro y su mujer (un alemán de unos 70 años que va con su mujer). Nos saludamos y abrazamos.
Nos unimos al resto del grupo para nuestra última ronda en Santiago. Compro algunos recuerdos y un libro sobre el Camino. Nos despedimos de todos y partimos hacia la estación de autobuses. Llegamos a Astorga sobre las seis y media. La distancia que nos llevó 12 días recorrer a pie, la hemos hecho en autobús en apenas cinco horas. El concepto de distancia varía después del Camino. Uno se hace más consciente de lo lejos que están los lugares. Es una sensación extraña, como de viaje en el tiempo.
Al llegar a Astorga un amable maragato nos indica dónde está el albergue. Nos toman por peregrinas que están a punto de comenzar el viaje. Pero el nuestro ya está terminando. El círculo se cierra. Valderrey: alfa y omega.
Sólo nos queda una cosa por hacer para cerrarlo del todo. Al día siguiente volvemos a Santa Catalina de Somoza para tomarnos una cerveza con Rubén y saldar nuestra deuda. Pero ya está saldada: Benito fue al San Blas a pagar nuestra consumición.
El círculo se cierra.
Un viaje a pie de 12 días. Un destino histórico. Una experiencia inolvidable. Un sueño cumplido.
Un abrazo enorme a todos los peregrinos y hospitaleros que se cruzaron en mi Camino e hicieron que esta experiencia fuese algo inolvidable.
Por estricto orden de aparición en escena, gracias a: Rubén, Isabel, Aída, Harry, Stephan, Bruno, el francés de la litera de abajo, Matías, Toiya, Alfredo, Rafa, Miguel Ángel, María, Sandra, Julia, Hatke, Pepe, María José, Víctor, Dimas, Rafa y Juan Carlos.
Y un abrazo muy especial a Toni, Justi, Tere, Mariví y Alberto.
Sólo me queda darle las gracias más grandes y el beso más fuerte a Nuria, mi compañera (y ahora amiga) de Camino, que me acogió en su casa, me aguantó, me animó, me hizo reír y me contagió su enorme energía y buen humor.










Estáis guapísimas. Me encantó tu crónica, a ver si empiezo con la mía… tenía pereza.
Besitos.
Sacúdete la pereza, que estamos impacientes por leerla.
Leo tu blog a trozos, cuando encuentro un rato. ¡Es que hay mucho que leer!
Besos.
sin palabras!!!!!!
que chulada y que emocionante, otra vez de lloriqueo….
mil besitosssssssssss
Oig, me he emocionao y tó. Que bonito, niña.
Me ha encantado tu relato, y me ha dado mucha envidia tu experiencia (yo tambien quiero) pero cuando he leido que la homilia iba de la hipocresia….me ha hecho gracia y he pensado que nos parece hipocrita vivir experiencias tan bonitas con gente que no conocemos y despues no seguimos manteniendo el contacto, (algo que ya experiemente hace muchos años), pero de inmediato he rectificado mi pensamiento, porque creo que como hemos vivido esa experiencia tan bonita necesitamos mantener el contacto con esas personas para revivirla en nuestro recuerdo continuamente (o eso creemos), y no pensamos que en realidad esa experiencia y esas personas que hemos conocido nos aportan cosas que debemos aprender a recordar sin necesidad de verlos o estar en contacto con ellos continuamente. En realidad es una reflexion que me hago y por supuesto no dudo que a veces alguna de esas personas que te encuentras por la vida pueda ser alma gemela, solo que nos gustaria que todas las personas con las que hemos compartido algo especial lo fueran (a casi todas). Aprendamos a exprimir lo que nos aporta cada encuentro a nuestra vida y nuestro ser. (ya sea bueno o malo)
Mónica, gracias por tu comentario.
A mí también me sorprendió el tema de la homilía y me dejó pensando.
No creo que sea hipócrita perder el contacto con esas personas. Simplemente pertenecen a una experiencia que suele ser bastante ajena a nuestra vida cotidiana y por eso no los incorporamos a nuestro día a día. Cada cosa en su sitio y cada persona en su lugar.