Sombras

25 septiembre, 2007 § 5 comentarios


A lo largo de nuestra vida vamos dejando personas en el camino, en los recodos, las plazas, las aceras. En nuestra imaginación permanecen allí donde nos separamos, donde las perdimos o donde las abandonamos. De vez en cuando sus sombras aparecen al doblar una esquina, sorprendiéndonos; a lo lejos en la acera, intrigándonos; sentadas en un autobús que pasa o en un vagón de metro que llega, llamándonos. La mayor parte de las veces son sólo sombras, gente que se parece. Que se parece a lo que pensamos que pueden ser hoy en día: madres que llevan a sus hijos a la guardería, ayudantes de producción en rodajes, empleadas de supermercado, hombres de traje con teléfono móvil, “perros-flauta” en la plaza de las Descalzas, gafapastas en una exposición…
¿Y por qué se nos aparecen? Los míos, las “miñas sombras” que diría Rosalía, se me aparecen por el sentimiento de culpa. Porque me siento culpable de haberlos abandonado en algún arcén de la carretera de mi vida. Porque me conozco; porque soy inconstante, si no en mis afectos sí en conservar mis vínculos.
Y así ha sido desde la infancia, cuando abandoné a Alicia el día después de su cumpleaños. En el instituto, las revueltas del camino nos pusieron a B.B. y a mí en direcciones opuestas, a Marcos-el-rocker se lo llevaron los paracas, y a Áurea y Pastra los arrastraron las oposiciones. Otros, más tarde, simplemente desaparecieron: Eva, perdida como un hada en los bosques de Irati, y su novio David, entre los muros del psiquiátrico. Caty entre la penumbra del Chill Out para reaparecer brevemente tras la barra de un bar de teatro y volver a esfumarse. A Pablo se lo tragó una boca de metro y meses después reapareció tumbado en una cama en el área de quemados de La Paz, atravesado por una descarga de 10.000 voltios que le entró por la cabeza y le salió por el tobillo. Y en mi mente allí sigue tumbado, porque allí lo abandoné.
Jota se fue para no volver, subido en su moto nueva. Pero esa es otra historia.

Y por eso estoy triste. Porque me conozco. Porque te vas y sé que tú eres como yo, incluso peor, en esto de mantener el contacto. Por eso ya te estoy echando de menos, porque sé que al menos me queda una última oportunidad para verte antes de que empieces a llamarme “goda” o, simplemente, a no llamarme.

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§ 5 respuestas a Sombras

  • liuva dice:

    Bonito escrito…, y triste, muy triste. Me has hecho recordar cosas que no quería. Jo.

  • javier dice:

    �Qui�n no ha sido inconstante o tiene remordimientos? Todos acabamos convertidos en apariciones en las vidas de los dem�s, tarde o temprano.

    Me ha gustado mucho. Gracias

  • lula dice:

    No se si tu amor por él me enternece más, por echarle ya de menos, o por haber conseguido que te enfrentases a algunos de tus fantasmas.

    Creo que lo por lo segundo. No, estoy segura.

    Hoy tocaba llorar.

  • Álvaro dice:

    ¿Pero adónde te has ido de vacaciones que vienes con esta melancolía?

  • Kaze dice:

    Hoy el día es gris. El cielo, el tren, la estación, los rostros, todo gris, y mi primo se llama Héctor. Nos vemos aquí, en tu rincón del hiperespacio.

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