Lluvia

10 diciembre, 2007 § 2 comentarios

:

En el autobús se juntan un montón de personas distintas. Niños y viejos. Hombres y mujeres. Delincuentes y universitarios. Yo estoy sentada junto a la ventana. Llueve. Las gotas se escurren a toda velocidad en dirección opuesta a mi marcha. Un nuevo camino. Luego las demás van por el mismo sendero mojado. Pero a mí me gustan las otras. Las gotas originales. Tardan más en llegar al marco de la ventana porque luchan contra el cristal y los mosquitos estampados en él.
Hay una vieja agarrada a la barra. Está delante de mí. Va toda enlutada. Su boca es como un ataúd. Claveteada contra los dientes haciendo una mueca de niño de Chernobyl. Cuando algún otro pasajero pasa a su lado arrastra hasta mí el rastro de la vieja enlutada. Huele a alcanfor, a polvo, a madera podrida, a carne cenicienta. Su boca es como una fisura en un muro de cemento. Su mano arrugada y amarillenta huele a lejía. Busca torpemente el timbre de parada. El autobús frena y abre sus puertas que, como un gran abanico, arrastran al interior la brisa fresca mezclada con el hedor de la senectud y naftalina. Algunas gotas de lluvia han entrado en la bocanada y llegan hasta mi cara. No quiero pensar que pudiera ser saliva de la boca de la vieja.
Ella se queda quieta, abajo. Yo me alejo.

Photo by Stewart (Stu) Lloyd-Jones

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§ 2 respuestas a Lluvia

  • Álvaro dice:

    Casi un haiku

  • liuva dice:

    Lo de los olores en los transportes públicos tendría que ser motivo de estudio y seguimiento. Igual que hay sumilleres con nariz de oro para catar vino, té, agua, etc., tendría que haber sumilleres con nariz de plata para catar los olores en los transportes públicos y ponerles remedio.

    De todos es sabido que la ducha de incienso del botafumeiro gallego tuvo su origen en el afán del deán de la Catedral de Santiago de Compostela de evitar el impacto del pestazo de tanto peregrino apretujado en la iglesia.

    Siguiendo la misma línea argumental de Santiago Mataolores se podrían poner sumilleres de nariz de plata especialistas en olores públicos en los autobuses y metros y, una vez catado el mal olor y aislado el individuo, sacarían un mini botafumeiro y lo movería alrededor del causante del tufo. Así se evitaría una contaminación olfativa en el resto.

    Bueno, es una hipótesis… de todas manera no sé si aquí de lo que hay que hablar es de la lluvia, de los universitarios delincuentes, de las viejas que se agarran a las barras horizontales o de los olores que desprenden las viejas que se agarran a barras horizontales.

    Llegará el día en que al acceder al autobús, al metro, al aeropuerto, al tren de alta velocidad, al tren de baja velocidad o al tren de la bruja, habrá un arco para detectar personas cuyos tufos corporales excedan el umbral de la tolerancia. Al tiempo.

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