El mercaíllo

15 febrero, 2008 § 3 comentarios

Como vecina del centro neurálgico del mercadillo capitalino por antonomasia, estoy muy acostumbrada a las proclamas de los vendedores. Mi favorito siempre ha sido, y será, ese hombre que se desgañita vociferando:
— ¡AUNEUROAUNEUROAUNEUROAUNEUROAUNEURO!
¡Qué capacidad pulmonar, señores!
Luego está el otro que dice:
— ¡Dos bragas, tres euros!¡Tres euros, señora! ¡TRES EUUUROOSSS!
Y el de toda la vida de:
— ¡Lo llevo baraaatoooo!
Pero les ha salido competencia.
Uno de los competidores parece sufrir los efectos secundarios del eletriptán, y sus frases son laaaargas y habla despaaaacio. El otro es un señor con barba y gafas, que pronuncia igual que el abuelo cuando se le despega la dentadura.
Si estos dos señores tuvieran que utilizar las proclamas de los vendedores tendrían muchos problemas.
Al primero le llevaría horas decir la primera frase.
Al segundo se le haría un nudo en la húmeda al intentar decir la segunda.
Por eso ambos han optado por la tercera. La de toda la vida.
Nos hacen ofertones dignos de la semana fantástica más alocada.
Uno de ellos, en plan “encargado del bar de la esquina”, ha cogido el bote de las propinas y ha dicho:
—Vamos a repartir, muchachos. Tocamos a 400 —sin importarle que uno de los muchachos sea el que mejor trata a los clientes y hace que el bote engorde cada día mientras otro de sus compañeros anda todo el día escaqueado.
Al otro señor, el “encargado del bar de la otra esquina”, se le ocurre que mejor que repartir el bote es quitarles el impuesto del delantal. Cualquiera con dos (o más) dedos de frente sabe que si no hay impuesto del delantal no habrá con qué pagar los delantales, ni tampoco los trapos de cocina.
—Pues yo voy a crear no sé cuántos puestos de trabajo —dice uno.
—Pues yo voy a pagarles el dentista a todos los niños y niñas y abuelos y abuelas… dentro de ocho años (cuando a los niños ya les hayan crecido los dientes y a los abuelos no les quede ninguno) —dice el otro.
—Pues yo… Yo voy a hacer que las mujeres ganen lo mismo que los hombres (con el permiso de los empresarios del jurásico, claro) —salta el primero.
—Pues, pues… Pues yo voy a hacer que los inmigrantes coman paella los domingos y tiren cabras desde los campanarios. ¡Y que bailen sevillanas! Y al que se cruce mal en la cuarta ¡a su casa!
—¡Pues yo voy a dejar de meter la calderilla en el cepillo los domingos!
—¡Pues entonces yo echaré billetes los domingos y las fiestas de guardar! Además, voy a crear un ministerio de la familia.
—¿Qué familia?
— La familia…
— ¿La familia? Bien, gracias. ¿Y la suya?

Y así ad infinitum

Como decía el otro día un tertuliano, ojalá durase más la campaña.
Al final nos pondrían un piso a cada uno.

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§ 3 respuestas a El mercaíllo

  • Sert dice:

    Una vez, en un mercadillo de pueblo, pasé junto a un puestecillo lleno de útiles de cocina. Una mujer, rodeada de cacerolas y sartenes, al verme levantó los brazos y exclamó: ‘¡Arriba las sartenes!’ Me quedé petrificado, pero me encantó. Pueso eso: ¡Arriba las sartenes! (Esto sí que es un eslogan).

  • Señorita Puri dice:

    Ese bar de los caracoles, esa calle de los animales, ahora llena de jaulas y cajas, esa plaza de los cromos donde siempre está el que le falta al álbum, y el bar de tostas que hay antes de llegar…
    Besitos…

  • Anonymous dice:

    RIPIO DER MERCAILLO (PIOJITO)

    He estao en el mercaillo
    a vé si me compro un shanda
    y un nota como un castillo
    me miraba er canalillo
    mientra pregona una ganga

    Carsenite a leuro er kilo
    sujetadore de brillo
    en la fragoneta hay tanga
    con er filo de amarillo
    Y par marío los boxer
    pa los niños los adida
    y pa la suegra aburria
    la deuvedés de LOS ROPER
    Venga mari que s’acaba
    que lo tengo tó barato
    y ar finá de la mañana
    me vine con veinte trapos
    La comía sin hasé
    La lavadora hasta arriba
    la abuela oyendo el arradio
    sa comío la beshamé
    asomá al ojopatio
    Y A vé como hago yo ahora
    sin la masa las cocletas
    Si sasoma la visina
    le pido arguna reseta
    y una poquita de canne
    metía en la fiambrera
    de pisto o de arró con pollo
    pa mientra busco la agenda
    y llamá ar telepisa
    ar burriquín o ar der shino
    que va a sé que hoy no cosino
    que no toy yo pa unas prisas
    y vengo yo mu contenta
    Que er “Piojito” es un shollo
    ya tengo fondo de armario
    ya tengo sapatos nuevo
    ya tengo braga de raso
    y una maseta “genario”
    Sin haberme costao un huevo.

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