Yatto!

8 diciembre, 2008 § 13 comentarios

¡Por fin! Se acabó el examen, se acabaron los nervios y las malas noches. Hasta el año que viene.

Fue mejor de lo que esperaba, lo cual no quiere decir que vaya a aprobar, pero creo que hay más posibilidades de las que pensaba.

Cuando entré en el aula y busqué mi número pegado a la mesa se me cayó el alma a los pies. Última fila, extremo derecha, junto a la ventana y un frío del carajo. No sé cómo lo hacen pero consiguen que la calefacción nunca funcione el día del examen. Seguro que es una táctica militar.

En la primera parte, kanjis y vocabulario, me sobraron 7 minutos. Hubo unas 10 preguntas que contesté al azar y una que estoy segura que contesté mal. La última. Leí “hajime” en lugar de “majime” y puse la opción 4. Esta noche he soñado que repasaba el examen y me daba cuenta de que ponía “majime” y entonces borraba el circulito del 4 y lo ponía en el 3. Los sueños, sueños son.

Descanso de 10 minutos.

En la segunda parte, la de comprensión oral, tenía pocas esperanzas y además, me había tocado en la última fila. Recé para que se oyera bien y para que el resto de examinados hiciera el menor ruido posible al pasar las hojas. Según mis oídos, contesté todas a la perfección. Contesté lo que había entendido, que no tiene por qué coincidir con lo que estaban diciendo realmente. Son las cosas del kikitori. Incluso me reí un par de veces con los diálogos. Ninguna a voleo. Aquí no sobra tiempo porque en cuanto termina el CD se acabó lo que se daba.

Descanso de 10 minutos.

Tercera y última parte. Gramática y comprensión escrita. En la gramática no me entretengo. Si lo sé, contesto. Si no lo sé, elijo la que mejor me suena. No pierdo tiempo ni en hacer “pito, pito, gorgorito”. Bastantes al azar o de oído (a mi me suena mejor con “ga”). La compresión escrita la clavo (o eso creo). Cuando estoy rellenando el circulito correspondiente a la última respuesta, oigo la voz del asistente diciendo “Quedan 30 minutos”. ¡¿30 minutos?! Me niego a repasar (¿para qué? ¿para que surjan dudas?). Así que me subo el cuello del jersey para taparme las orejas, dios qué frío hace, y hago ejercicios de relajación, bostezo quinientas veces (me he despertado a las 5.30) y me dedico a mirar la lluvia a través de la ventana. Recogen los exámenes, los llevan a la caja fuerte y cuando vuelve la japonesa encargada de ello oímos la tan deseada frase: “El examen de aptitud de lengua japonesa de 2008 ha terminado. Podéis salir.”

Podéis ir en paz, hubiera dicho yo.

En el tren compartimos nuestras respuestas (las que recordamos). ¿Quién mordía la oreja a quién? ¿El perro al gato o el gato al perro? Yo he puesto el gato. Y yo. Y yo. Suspiros de alivio.

Llegamos a Atocha y nos dirigimos a tomarnos las cañas de rigor.

Llego a casa a las cinco. Me siento como si me hubiera pasado por encima un tren de mercancías.

Ahora a esperar. ¿Será un sobre grande o un sobre pequeño?

La respuesta, dentro de tres meses.

Bonus: Crónica fotográfica.
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§ 13 respuestas a Yatto!

  • Pam dice:

    Jajajajajaja! Por lo que veo tambien hiciste el niver 3 ayer, espero que apruebes. Un saludo!

  • Álvaro dice:

    ¿Yatto o ya-tá? Suerte.

  • sakuranomonogatari dice:

    Jejeje!
    Álvaro, sabía que tarde o temprano habría un comentario como ése.
    ¡Cuánto daño ha hecho Hiro Nakamura en la expansión del japonés!

  • liuva dice:

    Sakura-san, vaya fin de semana más agitado que has tenido. Y además expuesto con todo lujo de detalles, hasta con fotografías, eso no lo hace ni Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo. Me ha impresionado la cantidad de gente que está interesada en sacar el título de japonés. Pero lo más impresionante de todo es que te manden llevar para el examen un lápiz HB (esas siglas son horribles), una goma de borrar y un sacapuntas. Los japoneses que son ultratecnológicos para todo a la hora de la verdad vuelven al papiro y a la katana.

    En cuanto a “Me siento como si me hubiera pasado por encima un tren de mercancías” me recuerda a un precioso cuento breve:

    Despertar
    Despertó cansado, como todos los días. Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima. Abrió un ojo y no vio nada. Abrió el otro y vio las vías. (Norberto Costa)

  • sakuranomonogatari dice:

    Sí, reconozco que he sido bastante exhaustiva en los dos relatos sobre el Noken. Pido perdón por ello.

    En cuanto a la tecnología japonesa, a pesar del lápiz, los exámenes los corrigen máquinas, si te vale como avance tecnológico no tener que corregir a mano 100.000 exámenes…

    Me ha encantado el cuento. Adoro lo hiperbreve (aunque no lo parezca por estos posts…).

  • liuva dice:

    Si no hay que pedir perdón por contar tan bien las cosas, si eso está muy bien, tú sigue sigue.

    Colecciono cuentos breves, si sabes alguno me lo pasas. Te pongo dos más:

    Otto le dice a Fritz: Tu mujer nos traiciona.

    El cuento del hombre invisible.
    Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

  • Álvaro dice:

    No es incompatible, Sakura. A mí también me gustan mucho los relatos hiperbreves, y sin embargo últimamente estoy encontrando un extraño gusto en escribir descripciones premiosas y aburridas. Aunque debo reconocer que no estoy igual de abierto a leer las de los demás.

    Me has recordado que tengo algunos cuentos hiperbreves, bajo una colección de triple título:
    CUENTOS PARA DORMIR A LOS NIÑOS EN UN SEGUNDO
    CUENTOS PARA ASUSTAR A LOS NIÑOS
    CUENTOS DE LA VIDA MISMA

    Y algunos relatos de medio folio. A ver si los saco a la luz.

    En cuanto a recomendaciones, supongo que huelga que te hable Augusto Monterrosso y el volumen que editó Alfaguara “Cuentos, fábulas y lo demás es silencio”.

  • Álvaro dice:

    Perdón, es con una sola “s”: Monterroso.

    Aquí, “la oveja negra”:

    En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.

    Fue fusilada.

    Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

    Así, en los sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

  • sakuranomonogatari dice:

    A mí me gusta “La rana que quería ser una rana auténtica”.

    “Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

    Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

    Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.

    Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

    Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.”

  • sakuranomonogatari dice:

    Álvaro, estamos impacientes por leer alguno de esos cuentos.
    Uno de esos de “Cuentos para dormir a los niños en un segundo”, que se acercan las navidades y más de una vez me va a tocar acostar a los sobrinos.

  • Amaya dice:

    ¡espero que el resultado sea el esperado, Sakura! Ahora te espera un descanso merecido 🙂

  • liuva dice:

    Sí, Augusto Monterroso es el mejor en relatos breves. Muy buenos los relatos de la oveja y de la rana. También es de él este:

    La Tortuga y Aquiles
    Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.
    En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
    En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.

    Álvaro, a mí también me gustaría leer alguno de esos cuentos para dormir a los niños en un segundo. Aunque también serviría si de durmieran en media hora.

  • Mordisquitos dice:

    Al menos ya te has librado de esa carga. Yo el viernes acabé con un trabajo que me lleva ya desde marzo.

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