Ni Fama ni Cronopio ni Esperanza

1 octubre, 2009 § 13 comentarios

—Supongo que ya lo sabes pero, por si acaso, te lo digo. Yo estoy aquí para decirte que tu edén es una mierda. Que tú y los tuyos no tenéis ni idea.

—Te escucho. Estoy completamente convencida de que voy a aprender mucho.

—¿Ves este escalón? Es mi complejo de inferioridad y, desde aquí arriba, te miro por encima del hombro y te digo lo que tienes que hacer. En realidad sólo quiero abrirte los ojos para que te des cuenta, te desengañes, de tu vida perfecta.

El árbitro observa impasible. Los movimientos están dentro de la legalidad. Sólo están prohibidos los golpes por debajo de la cintura.

—Porque yo sé mucho más que tú. ¡He vivido tanto! Dentro de mi cáscara hay tanto espacio que es casi un universo en sí mismo. Una galaxia plena y completa. Llena de mí y de mi experiencia.

—Te agradezco tanto que me ilumines. Que nos ilumines a todos. Estamos tan equivocados. Y tan ciegos.

A pesar de ser yo la ciega soy la que mira a los ojos.

—Es todo mucho más fácil de lo que crees— dice elevando la nariz al cielo, con los ojillos cerrados.

El árbitro ha perdido el interés en la contienda. No ve combate. Otro invidente.

—Vamos— me empuja—. Muéstrame tu paraíso.

Le abro la puerta. Entra. Se ríe. Observa a su alrededor. Enormes robles, delgados álamos que muestran sus primeras hojas, encinas majestuosas y sabinas sibilinas. Se carcajea en mi cara.

–¿Esto es todo?— pregunta mientras irrespetuosamente corta una rama de un sauce centenario—. Mira.

Estira los brazos hacia arriba, intentado adoptar una patética forma arbórea.

—Tú no eres un árbol— afirmo tranquila.

—¿Cómo que no? Tengo ramas y tronco y me mezo con el viento. No dirás que no estoy a la altura de ese castaño o de aquel aliso. Soy más árbol que todos ellos.

Y entonces cae un rayo que parte en dos al sucedáneo. Me acerco despacio y remuevo con el pie los restos calcinados. Doy la vuelta y me pierdo entre los árboles mientras el árbitro recoge los detritos.

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§ 13 respuestas a Ni Fama ni Cronopio ni Esperanza

  • bea dice:

    vaya, ya vuelves a escribir post que no entiendo y mira que llevabas una racha bastante buena

  • sakuranomonogatari dice:

    —Buenas tardes, fama. Tregua catala espera.
    —¿Cronopio cronopio?
    —Cronopio cronopio.
    —¿Hilo?
    —Dos, pero uno azul.
    El fama considera al cronopio. Nunca hablará hasta no saber que sus palabras son las que convienen, temeroso de que las esperanzas siempre alertas no se deslicen en el aire, esos microbios relucientes, y por una palabra equivocada invadan el corazón bondadoso del cronopio.
    —Afuera llueve —dice el cronopio—. Todo el cielo.
    —No te preocupes —dice fama—. Iremos en mi automóvil. Para proteger los hilos.
    Y mira el aire, pero no ve ninguna esperanza, y suspira satisfecho. Además, le gusta observar la conmovedora alegría del cronopio, que sostiene contra su pecho los dos hilos —uno azul— y espera ansioso que el fama lo invite a subir a su automóvil.

    Julio Cortázar

  • bea dice:

    dios, esto es grave, ahora ya no entiendo ni las respuestas de los comentarios!!!

  • liuva dice:

    Sakura, no consigo identificar este trozo que pones. Del libro “Historias de cronopios y de famas” de Cortázar creo que no es.

    Para que Beatriz se aclare un poco:

    ¿Qué es un cronopio?, pues un cronopio es un ser verde y húmedo, desordenado y tímido, dionisiaco, creativo y un punto surrealista. Los cronopios son lo contrario de los famas, que son agraciados y pragmáticos, que necesitan papel rayado para escribir y que aprietan desde abajo el tubo de dentífrico. ¡Queda claro!

    Hay un universo cortaziano, un mundo de fantasía lleno de “cronopios”, “famas” y “esperanzas”.

  • liuva dice:

    Otro ejemplo:

    Una esperanza se hizo una casa y le puso una baldosa que decía: “Bienvenidos los que llegan a este hogar”. Un fama se hizo una casa y no le puso mayormente baldosas. Un cronopio se hizo una casa y siguiendo la costumbre puso en el porche diversas baldosas que compró o hizo fabricar. Las baldosas estaban colocadas de manera que se las pudiera leer en orden. La primera decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. La segunda decía: La casa es chica, pero el corazón es grande. La tercera decía: La presencia del huésped es suave como el césped. La cuarta decía: Somos pobres de verdad, pero no de voluntad. La quinta decía: Este cartel anula todos los anteriores.

  • sakuranomonogatari dice:

    Liuva, es Alegría del cronopio.
    Encuentro de un cronopio y un fama en la liquidación de la tienda La Mondiale.
    ¡Cómo no va a ser de Cortázar! ¿Quién osaría utilizar famas y cronopios (aparte de mí misma que soy muy valiente) si no es Cortázar?
    (Ahora es cuando me pones un comentario con ciento veintisiete ejemplos de autores que utilizaron famas y cronopios.)

  • liuva dice:

    No, si no me refería al texto de los comentarios, que sí he reconocido. Me refería al texto de la entrada.

  • sakuranomonogatari dice:

    Mira que lo he pensado, ¿eh?
    Pero es que en el texto de la entrada, como indica el título, no hay ni famas ni cronopios ni esperanzas.

  • bea dice:

    ays, dios creo que voy a tener que imprimir el post y los comentarios y hacerme unos diagramas de flechas

    lamadrededios!

  • liuva dice:

    Maravillosas ocupaciones

    Qué maravillosa ocupación entrar en un café y pedir azúcar, otra vez azúcar, tres o cuatro veces azúcar, e ir formando un montón en el centro de la mesa, mientras crece la ira en los mostradores y debajo de los delantales blancos, y exactamente en medio del montón de azúcar escupir suavemente, y seguir el descenso del pequeño glaciar de saliva, oír el ruido de piedras rotas que lo acompaña y que nace en las gargantas contraídas de cinco parroquianos y del patrón, hombre honesto a sus horas.

    Julio Cortázar

  • Kathy Kane dice:

    A mi me ha gustado más la entrada, pero tengo que decir que tampoco están nada mal los comentarios.
    No escribía mal ese tal Cortazar.

  • la queli dice:

    Al principio me pasó como a Bea, pero Liuva lo ha explicado muy bien. No conocía a Cortazar, pero es interesante.

  • Solo oir hablar de cronopios, es suficiente para saber que es Cortazár, es inconfundible.

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