mirlitonnades – Samuel Beckett

14 diciembre, 2010 § 5 comentarios

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escúchalas/ sumarse / las palabras / a las palabras / sin palabra / los pasos / a los pasos / uno a / uno

traducción de Loreto Casado

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§ 5 respuestas a mirlitonnades – Samuel Beckett

  • Juan Luis dice:

    “imagine si ceci
    un jour ceci
    un beau jour
    imagine
    si un jour
    un beau jour ceci
    cessait
    imagine”

    Samuel B.

    (…) Qué nos pasaría… :-/

  • liuva dice:

    Hola Sakura, cuánto tiempo… te sigo leyendo (o así) pero es que cada día lo pones más difícil, me está pasando lo que nunca me había ocurrido contigo, que me pongo a pensar qué comentar y no se me ocurre nada. No me extraña que ahora toque Beckett, bicho raro donde los haya. Hace siglos a mí también me sedujo Beckett y lo que mejor recuerdo (casi lo único) de Molloy es la parte en la que se dedica a succionar piedras. Algo tan simbólico como la magdalena de Proust pero en plan más modesto. Lo de la magdalena de Prout está bien, pero dedicar siete novelas a contarnos su desayuno es pasarse. En Molloy, Beckett despacha la succión de las piedras en no muchas páginas. Te pongo un cachito de la succión de las piedras para que tus lectores vean de qué hablo. Qué maravilla.

    “Aproveché aquella estancia para aprovisionarme de piedras de succión. Eran guijarros, pero las llamo piedras. Sí, aquella vez adquirí una importante reserva. Las distribuí equitativamente entre mis cuatro bolsillos y las iba chupando por turno. Lo cual planteaba un problema que al principio resolví del modo siguiente. Yo tenía, pongo por caso, dieciséis piedras, cuatro en cada uno de mis cuatro bolsillos (los dos de mi pantalón y los dos de mi abrigo). Tomando una piedra del bolsillo derecho de mi abrigo, y poniéndomela en la boca, la reemplazaba en el bolsillo derecho de mi abrigo por una piedra del bolsillo derecho de mi pantalón, que reemplazaba por una piedra del bolsillo izquierdo de mi pantalón, que reemplazaba por una piedra del bolsillo izquierdo de mi abrigo, que reemplazaba por la piedra que tenía en la boca en cuanto terminaba la succión. De modo que siempre había cuatro piedras en cada uno de mis cuatro bolsillos, aunque no exactamente las mismas piedras. Y cuando me volvían las ganas de chupar, hundía la mano nuevamente en el bolsillo derecho de mi abrigo, con la certidumbre de que no iba a salirme la misma piedra de antes. Y, mientras la iba succionando, volvía a poner en orden las otras piedras, como acabo de explicar. Y así sucesivamente. Pero solo a medias me satisfacía esta solución. Pues no se me ocultaba que, por una extraordinaria casualidad, podían estar circulando siempre las mismas cuatro piedras. En cuyo caso, lejos de estar succionando las dieciséis piedras por turno, en realidad estaría succionando solo cuatro, siempre las mismas, por turno. Pero tenía buen cuidado de removerlas en mis bolsillos, antes de darles el chupeteo, y durante el mismo, antes de proceder a los traslados, con la esperanza de generalizar la circulación de las piedras de un bolsillo a otro. Pero era un mal menor, al cual no podía resignarse por mucho tiempo un hombre como yo. De modo que me puse a buscar otra solución. Y empecé por preguntarme si no haría mejor transportando las piedras de cuatro en cuatro, y no de una en una, es decir, que mientras chupaba podía tomar las tres piedras que quedaban en el bolsillo derecho de mi abrigo y colocar en su lugar las cuatro del bolsillo derecho de mi pantalón, y en lugar de estas, las cuatro del bolsillo izquierdo de mi pantalón, y en lugar de estas las cuatro del bolsillo izquierdo de mi abrigo, y, por último, en lugar de estas, las tres del bolsillo derecho de mi abrigo y, en cuanto terminara de succionaría, la que tenía en la boca.”

  • liuva dice:

    “¡Qué difícil hablar comedidamente de la luna! ¡Es tan puta! Debe ser su culo lo que nos está exhibiendo todo el rato.”

    Molloy – S. B.

  • Monogatari dice:

    Liuva, bienhallada! Vaya rentrée que te has marcado.
    Es que Beckett marca mucho.

    De Molloy me provoca mucha ternura la cuerdecita que lleva enganchada en el ojal para no perder el sombrero.

    De la parte sobre la luna vista desde el otro lado de los barrotes me gusta la reflexión sobre el movimiento de la luna, ¿o es la habitación la que se mueve? ¿o ambas a velocidades distintas o en distintas direcciones?
    “But can one speak of right and left in such circumstances?”

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