sucede

8 enero, 2011 § 8 comentarios

hemos tendido las redes

azotea abajo

hasta el infierno

para salvar a las aves de morir atropelladas por antenas

:

permanecemos mirando

el abismo vertical

más allá de la alcantarilla

no nos damos cuenta

sobre nuestras cabezas

los pájaros mueren             llueven

todo el tiempo

:

[poema que escribí hace un par de meses y que recité en los diablos azules hace 3 semanas, poco antes de que la prensa comenzara a llenarse de este tipo de noticias: Arkansas, Louisiana, Suecia, Italia. ]

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§ 8 respuestas a sucede

  • paola vaggio dice:

    Es verdad! Leí lo de Italia ayer. Vas a ser una poemedium?

  • paola vaggio dice:

    Por cierto, me ha gustado mucho el poema.

  • liuva dice:

    Clubes de intercambio… esto cada vez se pone más interesante. ¿De intercambio de qué?

    A mí me da que has añadido la palabra llueven. Eso de la lluvia de mirlos negros me recuerda a un poema de Neruda. Pero no lo pongo que después me llaman meliflua.

  • liuva dice:

    Quién, Voltios, Neruda o Monogatari

  • Monogatari dice:

    Paola, o poetonisa 😉

    Liuva, de intercambio de cromos de la selección del mundial de Naranjito, creo.
    Sí, añadí el “llueven” justo después de escribir el “mueren” y antes de escribir el “todo el tiempo”
    Hay mejores adjetivos que meliflua (aunque estoy segura de que destilas miel); uno muy de moda por acá es “miraquelindo/a”.

  • liuva dice:

    Ayer murió la poetisa argentina María Elena Walsh. Aquí en España no era muy conocida (no la conocía ni dios), pero en Argentina era muy querida y admirada, era algo así como la Gloria Fuertes de allá.

    Este poema suyo viene muy bien en esta entrada.

    Balada triste

    Era el otoño y era la llovizna,
    la inicial certidumbre del poniente.
    Mis pasos desandaban su tristeza
    mientras sobre la tierra conmovida
    era el otoño y era la llovizna.

    En el transcurso de las avenidas
    todos los pájaros habían muerto,
    y las hojas llovían cautamente
    sobre la hierba, cerca de mi sangre,
    en el transcurso de las avenidas.

    ¿Qué llanto conocí, qué desconsuelo
    bajo los árboles deshabitados?
    Cuando en la fuente se reconocía
    un cielo de palomas lejanísimas
    qué llanto conocí, qué desconsuelo.

    Oh muros de mi sed, aquellos muros
    que no sé si existieron a mi lado;
    bebí en ellos soledad de siglos,
    luz funeraria, fríos alusivos.
    Oh muros de mi sed, aquellos muros.

    Triste ejercicio el de invadir la niebla
    por ámbitos inciertos, declinando.
    Atravesé desconocidos puentes
    en el amanecer de los faroles.
    Triste ejercicio el de invadir la niebla.

    Todos los pájaros habían muerto
    en el transcurso de las avenidas.
    Qué llanto conocí, qué desconsuelo:
    era el otoño y era la llovizna,
    todos los pájaros habían muerto.

  • Monogatari dice:

    Muy apropiado, sí. Yo sólo conocía de María Elena la canción de El jardinero, que aprendí con siete años en clase de guitarra: Mírenme, soy feliz, entre las hojas que cantan cuando atraviesa el jardín el viento en monopatín…
    tónica, dominante y subdominante y aquél señor viejísimo que nos enseñaba estas modernas canciones y otras como la sublime “El Jinete” de José Alfredo Jiménez.
    Luego cambiaron al profesor por otro más joven, o más vivo quizá, y éste nos enseño exitazos como Juliet de Europe o Barco a Venus. Oh yeah! No sé por qué dejé aquellas clases.

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