Las buscadoras de setas – Neil Gaiman

29 abril, 2017 § 1 comentario

La ciencia, como sabes, pequeño, es el estudio
de la naturaleza y del comportamiento del universo.
Se basa en la observación, el experimento y la medición,
y la formulación de leyes para describir los hechos revelados.

En los viejos tiempos, dicen, los hombres ya venían equipados con cerebros
diseñados para seguir a la carrera a las bestias de carne,
para atravesar a ciegas lo desconocido
y encontrar después el camino de regreso cuando se perdían
con un antílope muerto cargado entre todos.
O, en días malos de caza, nada.

Las mujeres, que no necesitaban acosar presas,
tenían cerebros que divisaban hitos y trazaban caminos entre ellos:
a la izquierda en el espino y a través de los derrubios,
mirar dentro del tronco del árbol medio caído,
porque a veces hay setas.

Antes del club del pedernal o la herramienta del carnicero,
la primera herramienta fue un cabestrillo para el bebé
para dejar libres las manos
y algo para meter las bayas y las setas,
las raíces y las hojas comestibles, las semillas y las orugas.
Después, un mortero de piedra para aplastar, triturar, moler o romper.

A veces los hombres perseguían a las bestias
en los bosques profundos
y nunca regresaban.

Algunas setas te matarán,
unas te mostrarán a los dioses
y otras saciarán nuestras tripas hambrientas. Identificar.
Otras nos matarán si las comemos crudas,
y nos volverán a matar si las cocinamos una vez,
pero si las hervimos en agua de manantial y desechamos el agua
y las hervimos una vez más y tiramos el agua
sólo entonces podremos comerlas con seguridad. Observar.

Observar el parto, medir la hinchazón de los vientres y la forma de los senos,
y a través de la experiencia, descubrir cómo traer bebés al mundo.

Observarlo todo.

Las buscadoras de setas caminan por sus sendas,
observan el mundo y ven lo que observan.
Algunas de ellas prosperan y se relamen,
mientras otras se agarran el estómago y expiran.
Así están hechas las leyes y así se transmite lo que es seguro. Formular.

Las herramientas que hacemos para construir nuestras vidas:
nuestra ropa, nuestra comida, nuestro camino a casa…
todas ellas se basan en la observación,
en el experimento, en la medición, en la verdad.

Y la ciencia, recuerda, es el estudio
de la naturaleza y del comportamiento del universo,
basado en la observación, el experimento y la medición
y la formulación de leyes para describir los hechos.

La carrera continúa. Un primitivo científico
dibuja bestias sobre las paredes de las cuevas
para mostrarles a sus hijos, gordos de comer hongos
y bayas, lo que es seguro cazar.

Los hombres van corriendo tras las bestias.

Las científicas caminan más despacio, hacia la cima de la colina,
hasta el borde del agua y pasado el lugar donde corre la arcilla roja.
Llevan a sus bebés en los cabestrillos que hicieron
que dejan libres las manos para recoger setas.

amanda_galaxy

La versión original en inglés de este poema, The Mushroom Hunters, fue recitada por Amanda Palmer dentro del evento The Universe in Verse, una velada de poesía para celebrar la ciencia y a las científicas que nos han traído a donde hoy estamos. Un evento celebrado hace unos días en Brooklyn, que fue punto de encuentro entre ciencia, poesía y protesta, donde se leyeron poemas sobre Marie Curie, Jane Goodall, Oliver Sacks, Caroline Herschel, Euclides, neutrinos y el número pi, de poetas como Adrienne Rich, John Updike, Edna St. Vincent Millay, y Wisława Szymborska, recitados por artistas y escritoras como Rosanne Cash, Diane Ackerman, Ann Hamilton, Brandon Stanton, Jad Abumrad, and Elizabeth Alexander. Más info, vídeos, audio y el poema en inglés, aquí.

Traducción: Eva Gallud

Sharon Olds – Oda al himen

21 diciembre, 2015 § 5 comentarios

Ahora que Sharon Olds anda por  el país para recoger su Premio Leteo y deleitarnos con sus palabras, aprovecho para publicar mi traducción (y transcripción*) de su poema Ode to the Hymen.

No sé en qué momento apareciste en mi interior
cuando estaba dentro de mi madre,
quizá cuando los músculos involuntarios se estaban formando como gelatina rosa.
Me encanta pensar en ti entonces,
tan entero, tan inmune,
tú y el clítoris tan a salvo como la vida en la que habitabais,
tendrían que habernos matado a mi madre y a mí para llegar a vosotros.
La amo en ese momento como la gran fortaleza a mi alrededor que era,
la matrona en torno al dulce de mi doncellez.
No sé quién te inventó para que mantuvieras limpio y bien escondido
el interior de las niñas,
querido muro, querida cancela, querido portón, querida tranquera,
ni gatera, ni puerta de vaivén,
sino piñata de un solo uso.
¿Cuántas partes del cuerpo se crearon para ser destruidas una sola vez?
Resististe, ¿verdad?
Te tomaste tu trabajo tan en serio
que nunca sentí un dolor igual.
Fuiste la mujer que el mago corta en dos.
Estaba orgullosa de ti
cuando fuiste copa llena de brillante ingrediente arterial.
Y qué suerte tuvimos, tú y yo,
que pudimos elegir cuándo y con quién
y dónde y por qué.
Afelpado alfiletero de algún modo ligado a las estatuas que lloran.
Fuiste regalo de San Valentín
Ocurrió sobre la alfombra de un salón prestado
pero me sentí como si estuviéramos en el bosque de Diana,
él y yo y tú, juntos,
o como si estuviéramos allí donde el magma del núcleo terrestre
estalla a través del suelo del océano.
Gracias por tu vida y por tu muerte.
Gracias por la chica de las flores que caminaba delante de mí arrojando sus pétalos rojos.
Pasarían años antes de casarme,
antes de llevar dentro de mí
un minúsculo himen de bebé
cerca de los óvulos con otros ínfimos hímenes dentro de ellos.
Tú desenrollaste la alfombra que me llevó
hasta la vida animal de mujer.
Fuiste una especie de madre de sangre:
primero me abrazaste durante dieciocho años
y después
me dejaste ir.

I don’t know when you came into being
inside me, when I was inside my mother
maybe when the involuntary muscles were setting, like rose jello
I love to think of you then,
so whole, so impervious,
both you and the clitoris as safe as the life in which  you were housed,
they would have had to kill both my mother and me to get at either of you.
I love her at this moment as the big fortress around me
the matron head around the sweet meat of my maiden head.
I don’t know who invented you to keep a girl’s inwards
clean and well coverted,
dear wall, dear gate, dear stile, dear Dutch door,
not at cat flap, not a swinging door,
but a one-time piñata.
How many places in the body were made to be destroyed once?
You were very sturdy, weren’t you?
you took your job so seriously
I had never felt such pain.
You were to woman the magician saws in two.
I was proud of you
turning to a cupful  of the bright arterial ingredient
And how lucky we were you and I
that we could chose when and with whom and where and why
plush pink cushion somehow related to statues that wept
You were the valentine heart
It happened on the rug of a borrowed living room
but I felt as if we were in Diana’s woods,
he and I and you, together
or as if we were where the magma from the core of the earth burst up through the floor of the sea,
Thank you for your life and death
Thank you for the flower girl walk before me throwing down your scarlet petals
It would be years before I married years
before I carried within me a tiny baby hymen
near the eggs with the other tinsy hymens within them
You unscrolled the carpet leading me into the animal life of a woman
You were like a sort of blood mother to me
first you held me close for eighteen years
and then
you let me go.

*Transcripción realizada a partir de este vídeo (desde el minuto 9:45).

1914

15 diciembre, 2014 § Deja un comentario

En campo abierto, entre la inmensidad de la bruma.

Todo es azul oscuro. Cae un poco de nieve en el final de esta noche, empolva las espaldas y los pliegues de las mangas. Marchamos de a cuatro, encapuchados. En la penumbra opaca, parecemos vagas poblaciones diezmadas que emigran de un país del norte a otro país del norte.

Así comienza Bombardeo, de Henri Barbusse, el relato que abre la antología titulada 1914: siete relatos cargados de pólvora, el último proyecto de traducción del Grupo Ultromo, al que tengo el placer de pertenecer.
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En este libro encontraréis grandes autores del siglo XX que nos ofrecen una caleidoscópica visión de la Primera Guerra Mundial. Henri Barbusse, Jospeh Conrad, R. Kipling, Katherine Mansfield, D.H. Lawrence y John Glasworthy, traducidos por Emma Cotro, Maite Fernández, Juan Carlos García y yo misma.

190 páginas de emoción y reflexión que ya podéis adquirir en papel en este enlace.

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